miércoles 14 de octubre de 2009

El mundo al revés


No sé si reírme o llorar o simplemente dar por terminado mi ciclo antropológico y encerrarme en un monasterio a seguir cultivando el intelecto. Digamos que, después de una batalla dialéctica entre mi yo omnisciente y mi yo concupisciente, que ganó el primero, decidí retirarme a mis aposentos e intentar otro tipo de estrategias. Ah..! ¿que todavía no sabéis de qué hablo? Lo diré en plata: decidí que la próxima vez que me desnudase para practicar el deporte rey (y no me refiero al fútbol), iba a ser con alguien que mereciese la pena, como mínimo físicamente. Y así pasé al celibato absoluto que dio lugar a una inapetencia general por entablar algún tipo de relación con el sexo contrario. Duró unos meses. Meses muy duros.

El resto de hembras de mi manada pasaban por una etapa más activa y asistir a los actos de acoso y derribo de los machos dominantes no era un ambiente muy propicio para intentar mantenerse estable y consecuente con mi yo omnisciente. Esto lo digo desde la más pu()a envidia. Intenté retrotraerme y balancear el espíritu todo lo que pude, recuperando la energía. Pero luego me dediqué a otro deporte, de menos riesgo eso sí, pero agotador igualmente: el climbing the walls.

En mi caso tener el demonio dentro significa igualar la temperatura del infierno tanto en la cabeza como en otras partes. Es decir, estoy de muy mal humor, mucho más irascible, no tengo apetito de ningún tipo y estoy cansada. Para mí el sexo es una necesidad tanto como el respirar, comer, dormir, beber... y demás actividades vitales. Si no tengo eso (y bueno) me desespero. Quizá a la gente le moleste mi franqueza o haya algunos que digan que lo que soy es un poco cuatro letras. Pero es algo que me hace sentir mejor, mucho más a gusto conmigo misma y además es gratis y bueno para la salud.

Intenté escoger bien cuál sería mi próxima pareja de dormitorio. Sería un chico que me gustase físicamente, me pudiese reír con él y pasar ratos agradables sin más (y bueno, por qué no decirlo, absolutamente convencida de una virilidad por encima de la media). Lo encontré. Hasta aquí todo bien.

Nos vimos un par de veces, fuimos a cenar...hicimos las típicas cosas que hacen los adultos. Me llamaba todos los días para saber qué hacía o cómo me había ido el día. Esas típicas cosas que echas de menos cuando no tienes una pareja. Yo no quería meterme, ni mucho menos, en esa situación. Me parecía un poco precipitado después de una semana que alguien me dijese cosas del tipo: -Yo te quiero para mí, no para enrollarme sólo contigo-. Pero tampoco le eché un jarro de agua fría, simplemente me dediqué a observar y a sonreír con ojos de gatito a sus comentarios incendiarios de “amor”. Nos entregamos a Cupido dos veces en diez días. El resto, cafés, risas, besos y conversaciones melosas por teléfono y batiendo récords de cuelgatús. Fueron diez días que me mantuvieron con ilusión. Esa ilusión que te hace sonreír por la calle o mirar el móvil cada rato. De repente dejó de llamar. Pregunté si pasaba algo y obtuve una respuesta que no me esperaba:
-Somos muy distintos, yo soy un aldeano y tú mucho más sofisticada que yo. Yo soy mucho más burro y tú más inteligente y eso nos crearía problemas. No funcionaría por mucho que me gustes y me mandarías a la mierda en cuanto me “usases” un poco-.
Sinceramente, me dejó flipada. Vale que no esperaba de él una pareja, pero tampoco le dio tiempo suficiente a nada y además ¿desde cuándo alguien del género masculino rechaza sexo con una chica que lo pone malito y que le gusta? Y esto no queda así.


Me llama para quedar, me insiste y luego no da señales de vida el día en cuestión y luego llama otra vez para pedir perdón miles de veces. Lo llamo un día y me dice que si lo que quiero de él es sólo sexo que ni de coña y que me busque a otro. Luego viene a pedirme perdón y me come el lóbulo de la oreja (por poner algo elegante). En fin, que alguien me lo explique porque creo que la polaridad de los Polos se está invirtiendo y yo no me doy cuenta, o es que el mundo al revés ya ha empezado y yo no tengo tickets.


miércoles 16 de septiembre de 2009

El ritual de apareamiento

 

La mayoría de las mujeres hemos asistido a algunas situaciones, cuando menos, simpáticas a la hora de relacionarnos con el otro sexo (bueno más bien dejarnos atropellar por un grupo de hormonas aderezadas con alcohol u otras sustancias “amenizantes”). Sales de casa, después de dos horas de chapa y pintura, quedas con tus amigas y te diriges al garito de turno a tomarte una cañita.

 

Hay días en los que una sale de casa y se encuentra estupenda. El pelo está en su sitio y no peleándose con cualquier gato, la piel reluce, el maquillaje no se pega ni se hace brillo cerdil en 0.2, hace la temperatura justa para no sudar ni pelarte de frío y los zapatos no te molestan. Esa sensación es la felicidad absoluta para cualquier ejemplar del género femenino. Te acercas a la barra y con tu voz aterciopelada le dices al camarero que te ponga una caña.

 

En ese momento, tú no sabes muy bien por qué, porque tú paras en ese local pub o lo que sea todos los fines de semana (quizá porque el aire está cargado de hormonas), comienzan los primeros movimientos a los lados de la barra, después llegan los aspavientos e hinchadas de pecho, las conversaciones a grito pelado sobre las llantas de aleación de fulanito, las miradas de reojo, los morritos... y piensas:

-Ah, vale ya ha comenzado el ritual de apareamiento- 

 

Si el más osado de la manada decide acercarse, por Dios, rezo para que me diga un simple “Hola” o se limite a pedirme paso para ir al servicio y que no le dé por ser original. Supongo que en este punto no estaréis de acuerdo conmigo por aquello que uno un poco original ya tiene el 90 por ciento ganado y  bla, bla, bla.  Original no es la palabra, yo la cambiaría por acertado.

 

Porque, y éste es un consejo para los chicos desde el cariño:

 

  1. Cualquier sonido onomatopéyico cuando acabas de conocer a alguien no se interpreta como original aunque éste sea un relincho, rebuzno o gruñido (esto fue literal) a la oreja de la posible víctima del ritual de apareamiento.
  2. “Osa parda” no entra dentro de los apelativos cariñosos originales que dirigirle a tu elegida porque ésta lleva un abrigo verde con pelo en el cuello.
  3. Gemir o emitir sonidos guturales cuando hablas al oído de tu víctima no es original ni sexual, da risa.
  4. No lo flipes describiendo al oído de tu víctima, con todo lujo de detalles, la de cosas que le vas a hacer, porque, si tienes suerte, vas a tener que demostrarlo y no es fácil, chato.
  5. Entrarle a todas sus amigas también (en contra de lo que puedas creer) no aumenta las posibilidades.
  6. Tirarle del sujetador o de la braguita a tu posible víctima delante de todo el mundo no es original, es de subnormales.
  7. Chupar tu pajita y acto seguido remover la bebida de ella tampoco es original, es una cerdada.
  8. Faltarte con la tía que te gusta aunque sea de manera orginal por tener el mínimo contacto con ella, tampoco aumenta posibilidades.
  9. Decirle a tu posible víctima que tienes depresión y que tomas      Tranquimacín o similares tampoco.
  10. Llevar camisa de leñador acorralar a tu víctima contra una columna de la   discoteca y decirle que te pone de la siguiente manera: “Vouche meter a mano pola cona e vas parecer un teleñeco” es para llamar a la Guardia Civil.


 



martes 15 de septiembre de 2009

28 days later

Es que parece que estemos todos encerrados un convento de clausura. ¿Quién va a ser la guapa que nos cuente la Boda presidencial? ¡Quiero pelos y señales!

sábado 15 de agosto de 2009

Dame veneno

"No creo que vuelva tarde, sólo salgo a tomar algo con Penny y Luisa..." Mis últimas palabras antes de salir de casa ayer por la noche. Siete y media. Me voy al super a comprar una cervezas y me cojo un taxi hasta casa de Luisa. Ocho de la tarde. Ellas en full swing a llintonis y yo con mis latas. Nueve y media. "Vámonos al Cellar Bar, que si vamos más tarde ya no hay sitio fuera". Nos sentamos en una mesa estupenda overlooking la parte baja de la terraza - jardin. Una ronda, otra, otra más... ¿cuantas rondas?. Como siempre acabamos brindando con extraños. Milagrosamente ninguno nos escoñamos por las escaleras. Dos de la mañana. "Parece que ésto cierra, ¿qué hacemos?" "¡Vamonos al centro!". Llegamos al Exchange, unas cuantas rondas más. Nos colamos en el 2930 por la puerta de la zona de fumadores. "Dejame ir al cajero que se me acabó el dinero".Volvemos al Exchange un rato. Más extraños, éstos aun más raros que los anteriores. Cuatro de la mañana. "Va a estar todo cerrado, ¡seguimos en mi casa". Taxi de vuelta a casa de Luisa, "pon el youtube y ponemos música". Seis de la mañana. "Yo mejor me voy que me quiero levantar pronto". Hoy, cuatro de la tarde, resurreción.
Despues de tanto tiempo, ¿por qué me sigo mintiendo cada vez que salgo de casa un viernes por la noche?

jueves 6 de agosto de 2009

Primeras creaciones











A ver que os parecen...son las primeras,no seais muy crític@s!!